El Bernabéu volvió a ser testigo de esos partidos que no se deciden hasta los últimos minutos. Real Madrid – Benfica, vuelta de dieciseisavos de Champions, acabó con victoria blanca por 2-1 y clasificación cómoda en el global (3-1), pero el camino estuvo lleno de nervios y momentos de verdadero apuro.
Veníamos de tropezar en Pamplona el fin de semana anterior. Ese 1-2 contra Osasuna dejó mal sabor de boca, devolvió el liderato de Liga y reabrió el eterno debate sobre si Arbeloa está preparado para manejar al equipo en momentos delicados. Mientras, Benfica llegaba con la moral bastante alta: de sus últimos siete partidos habían sacado cinco victorias, un empate y solo una derrota… precisamente la del partido de ida contra nosotros (0-1).
Tercer duelo de la temporada entre ambos. Con las bajas importantísimas de Mbappé, Bellingham y Rodrygo, el técnico optó por un 4-4-2 bastante reconocible: Vinicius y el joven Gonzalo García arriba, Valverde – Tchouaméni – Camavinga – Arda Güler en el medio, y Rüdiger junto a Raúl Asencio en el eje de la zaga.
Benfica, sin Prestianni por sanción y sin Mourinho en el banquillo (expulsado en la ida), salió con Pavlidis de punta, Rafa Silva – Oršić – Schjelderup por detrás y los dos mediocentros más fijos (Barreiro y Ríos) protegiendo a Otamendi.
El partido tuvo de todo desde el principio. Minuto 6: Vinicius recibe un pase filtrado de Güler, entra al área, dispara… y Araujo lo derriba. El árbitro no pitó penalti. Muchos en el estadio se llevaron las manos a la cabeza.
A los catorce minutos llegó el mazazo. Centro desde la derecha de Pavlidis, Asencio intenta despejar y la manda hacia su propia portería; Courtois la saca como puede, pero Rafa Silva aparece solo para empujarla a la red. 0-1. Silencio incómodo en el Bernabéu.
La reacción, afortunadamente, fue casi inmediata. Minuto 16: Valverde recibe por derecha, pone un centro raso de esos que pican, Tchouaméni llega con todo y su disparo potente se cuela pese al intento de Trubin. 1-1. El estadio respiró.
El resto del primer tiempo fue un toma y daca. Anularon un gol a Güler por fuera de juego milimétrico (bien visto por el VAR) y Courtois tuvo que emplearse en un disparo seco de Ríos. En la segunda parte el ritmo bajó un poco, pero las ocasiones siguieron apareciendo en ambas áreas.
Hasta que llegó el minuto 80. Balón largo de Rüdiger, Valverde lee la jugada, mete un pase perfecto al espacio y Vinicius entra como una exhalación. Media vuelta, definición cruzada y… 2-1. El Bernabéu estalló. Ese gol pesó toneladas.
Al final, victoria sufrida pero merecida. Clasificación a octavos asegurada y eliminatoria cerrada con solvencia pese a las muchas ausencias. Los próximos rivales saldrán del cruce Manchester City – Sporting de Portugal. Sea quien sea, el cruce promete.
La afición respondió como siempre: el estadio lleno y miles de gargantas cantando sin parar. Muchos con su Camiseta fútbol Real Madrid puesta, acompañando al equipo en los momentos más duros.
Porque al final eso es lo que diferencia a este club: puede sufrir, puede pasar apuros, pero casi nunca se rinde. Y cuando Vinicius aparece en el momento justo, todo vuelve a tener sentido. Ahora a seguir, con la misma camiseta puesta y la misma fe de siempre.
